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Mostrando entradas de diciembre, 2017

EL BÚHO, MATAR...PLACER DE LOS DIOSES

Capítulo 4

Murcia, Marzo de 1857
El barco atracó en el Puerto de Lumbreras al amanecer de un lunes frío y lluvioso. Por un breve instante el recuerdo de su padre lo paralizó. Inmediatamente Imanol se avergonzó de sus miedos, miedos de niño, de joven marginado. Su padre ya no existía, había muerto. Nunca más las amenazas, nunca más los insultos, nunca más las humillaciones.
Sobre cubierta y apoyado en la baranda del barco, aspiró los olores pestilentes propios de un puerto y lejos de asquearse, se sintió feliz. Su hogar estaba cerca y su padre ya no residía en él.. Ahora el título le pertenecía : Maqués de Nájera, que bien sonaba.
Fue el primero en bajar del "Great Britain". Un grumete cargó su equipaje, un pequeño baúl, y lo depositó en el techo del carruaje que lo llevaría a su reino. Viajaba sin compañía y eso le agradó, detestaba las converaciones huecas de los viajeros.
Se cubrió con una manta de piel de marta cibelina y hurgó en el bolsillo de su gabán buscando la bot…

EL BÚHO, MATAR...PLACER DE LOS DIOSES

Capítulo 3
Montpellier 1843, Francia

La Facultad de Medicina funcionaba en un monasterio colindante al Palacio epicospal. Estudiantes de todas  religiones y procedencias culturales se daban cita en sus inmensas aulas ansiosos de aprehender los conocimientos de los grandes médicos que destacaban en la época.
Imanol estaba feliz. Libre de la vigilancia estricta de su padre y dando rienda suelta a su pasión: la medicina.
Por supuesto que el no se contentó sólo con la elocuencia y la experiencia de sus profesores. No le bastó pasar noches enteras devorando libros de grandes investigadores como Bastier de Mirande o Paul Barthez, que indagaron en la medicina externa e interna. Él aspiraba a mucho más.
La curiosidad y las ansias de investigar lo consumían. Sin embargo, grande fue su decepción cuando luego de un año de estudio intenso se topó con la dificultad de encontrar cadáveres para diseccionar.
Los dedos de Imanol escocían de ansiedad por tomar un bisturí y rasgar la piel, cortar la…

EL BÚHO, MATAR...PLACER DE LOS DIOSES

CAPÍTULO 2
Navegando hacia España, 1857

Imanol apenas recordaba a su madre. Un rostro difuso, perdido en los recuerdos de su infancia, una gruesa trenza rojiza que le hacía cosquillas en la naríz y unos besos tiernos con aroma a castañas. Talibah, su muy querida nana, le había contado que las castañas era el postre preferido de su madre. Ella solia preparárselas asadas o hervidas con granos de anís.
El recuerdo de su madre estaba asociado con rosas, rosas pálidas y de una fragancia embrigadora y... repugnante. Imanol odiaba las rosas porque significaban muerte y desolación. Desolación que experimentó la tarde que entró corriendo al dormitorio de su madre para conocer a su hermanita recién nacida.
_ ¡Mamita, mamita!, mira lo que te he traído_ pero su madre no le respondió con una sonrisa y estirando los brazos invitándolo a acurrucarse contra su pecho, sino permaneció en silencio con los ojos de un verde luminoso, entreabiertos. Su cuerpo, frío y tieso, enjoyado con rosas, decenas de ro…

EL BÚHO, MATAR...PLACER DE LOS DIOSES

CAPÍTULO 1

Reino de Nájera, España, 1824
El comienzo

La noche, cálida y estrellada, sumergió a la mujer en un estado de ensoñación que relajó la inquietud que le provocaba su avanzado estado de gravidez.
Cerca de la ventana de su dormitorio y sentada cómodamente en una mecedora, observaba el extenso jardín que rodeaba el palacio.
El aroma adamascado que fluía a través de las blancas cortinas de satén la hizo suspirar. Matilda cerró los ojos y mientras acariciaba su prominente vientre, elevó una plegaria al Cielo : "Que sea sano".
Un pensamiento repentino ensombreció la placidez que experimentaba en ese momento. Un recuerdo oscuro. Su madre dio a luz cuatro veces, tres niños nacieron muertos. ¿Y si a ella le sucedía lo mismo?
"No lo permitas Señor, te lo ruego", exclamó sin darse cuenta que lo hacía en voz alta.
Las dolorosas palabras alertaron a Talibah, la fiel sirvienta, siempre atenta a las necesidades de su señora. Las demás criadas de palacio la envi…

EL BÚHO, MATAR...PLACER DE LOS DIOSES

PRÓLOGO

España, 1842

La discusión entre el Marqués de Nájera, don Arturo Pacheco del Prado y su hijo Imanol, Conde de Treviño, fue atroz. El padre lo insultó, con saña y destilando veneno, un veneno que como flecha veloz impactó en el corazón de Imanol infectándolo para siempre. Con asco le gritó : "Eres un apestoso íncubo".
Aún joven, al no comprender el insulto, acudió a la biblioteca de su lujosa mansión. El nombre del joven, Imanol Pacheco del Prado, Conde de Treviño y futuro Marqués de Nájera. Allí, entre hileras y pilas de libros buscó con ahínco el significado del funesto improperio que lo violentó y avergonzó a la vez por salir de la boca de la persona que más admiraba.
En un manuscrito del año 1200 su dedo índice señaló la respuesta. Incubo, demonio que adopta la forma de hombre o mujer según los gustos de su víctima.
Cerró con violencia el libro y lo estrelló contra el piso de piedra. "¡Maldito, mil veces maldito!", exclamó con furia y pesar.
E…

EL BÚHO, MATAR...PLACER DE LOS DIOSES

"QUIERO DESENTRAÑAR EL FUEGO DE LA HOGUERA
                   DE LA VIDA Y DE LA MUERTE,
 Y POSEER LA ESENCIA, LO ABSOLUTO, LO ETERNO"
                                                                                                         CLARA JANÉS 

Esta es la historia de un hombre singular. Un hombre que desde su más temprana niñez sufrió el desamparo y el desprecio de las personas que amaba y respetaba.
Un hombre que batalló por defender sus sentimientos, aunque éstos se opusieran a la moral social de la época. Una sociedad pacata y puritana que se empecinó en señalarlo y marginarlo.
Un hombre, un científico que se empecinó en resolver el origen de la vida, en bucear dentro de los secretos que encierra el cuerpo humano enfrentándose a los rígidos cánones impuestos por la Santa Inquisición.
Lo tildaron de brujo, de discípulo del demonio. Sediento de conocimientos, primero despreció la opinión de los demás y luego la aceptó como una certeza, hasta tal punto que la …