EL BÚHO, MATAR...PLACER DE LOS DIOSES

Capítulo 10

Imanol se paseaba con impaciencia, actitud impropia en él, por el suntuoso salón comedor. Había fijado para las cinco de la tarde la hora del encuentro con Bravo Murillo y éste aún no aparecía.
_ ¿Dónde rayos se habrá metido ese imbécil? _ explotó golpeando el puño sobre la mesa ya dispuesta con una exquisita merienda. Los delicados platos de porcelana, como ágiles saltimbanquis, volaron por los aires desparramando sobre la alfombra persa las distintas confituras que con gran esmero había preparado la cocinera aquella mañana. La jarra de leche se tambaleó sin llegar a derramarse.
Talibah, al escuchar el alboroto, se apresuró a averiguar que ocurría.
_ ¿A qué se debe tanto nerviosismo? _ preguntó mientras acomodaba el desastre provocado por Imanol.
_ No estoy nervioso _ ofuscado se plantó frente al ventanal que daba a la entrada del palacio. El torso erguido, las manos entrelazadas en la espalda y la vista fija en el sendero por el que llegaría su invitado.
Talibah prefirió no contradecirlo, no quería embravecer aún más las aguas. Cuando se disponía a retirar, Imanol profirió un grito de satisfacción.
_ Ahí llega el muy canalla. ¡Rápido Talibah!, llama a Manuel para que lo reciba _ le ordenó.
_ ¿Manuel? Para eso está el mayordomo, Manuel está en la caballeriza.
_ No me refutes mujer y haz lo que te digo ¡Ya!, muévete de una vez _ la voz imperativa le puso piel de gallina. "Algo trama y yo lo averiguaré", se propuso Talibah.
Cuando Imanol vio a Manuel abrirle la portezuela del carruaje a don Juan Bravo Murillo, se calmó. Su plan se ponía en marcha.
Una de las sirvientas salió a recibir al invitado y lo condujo ante la presencia del marqués que lo aguardaba con una franca sonrisa.
_ Su Excelencia, es un honor para mí compartir una tarde en vuestra compañía. _ el jurista se deshizo en cumplidos.
_ El placer es mío don Juan _ le retribuyó Imanol _ Por favor tome asiento y disfrutemos de un excelente café traído de América, o quizás prefiera un té aromático _ le dijo con magistral hipocresía.
_ Café estará bien, gracias _ respondió escuetamente observando las curvas generosas de la sirvienta que los atendía en silencio.
_ No me tenga sobre ascuas y cuénteme las últimas novedades _ Imanol se refería a la relación tirante entre la reina Isabel ll y el Presidente del Consejo de Ministros, el general O´Donnell.
Don Juan le clavó su oscura mirada y tomó la palabra en tono circunspecto.
_ ¡Pobre O´Donnell! Nuestra soberana lo humilló públicamente y él, hecho un guiñapo, dimitió. ¡Esa mujer está totalmente loca! Tratar de ese modo a un hombre que propició sin lugar a dudas la etapa de mayor crecimiento económico y estabilidad de nuestro reino. ¡El demonio la lleve a esa puerca ninfómana! _ explotó furibundo y de un bocado tragó un trozo de tarta de zarzamora.
_ Su Majestad se deja influir por los consejos de sor Patrocinio _ agregó Imanol.
_ Efectivamente, sor Patrocinio está en contra de las medidas liberales que el gobierno de Leopoldo O´Donnell tomó sobre la iglesia y por lo tanto, como un molesto abejorro, entona un insistente zumbido en la oreja de Isabel. ¡Y la muy necia le hace caso! ¡Mujeres! _ Bravo Murillo con sus dedos regordetes enlazó el asa del pocillo de café y se lo llevó a la boca salpicando con su contenido su curioso bigote: fino y alargado, con las puntas curvadas deliberadamente hacia arriba. Con extrema elegancia, tomó una servilleta de lino blanco y se lo secó cuidando de no desarreglarlo.
_ Y ahora, ¿a quién nombrará la reina como Presidente del Consejo de Ministros? _ Imanol estaba al tanto de la decisión de Isabel pero prefirió mostrarse ajeno a los vaivenes políticos para que el ego del jurista se inflara aún más. El plan de Imanol radicaba en que Bravo Murillo se creyera superior a él, que lo subestimara, que lo considerara un homosexual descerebrado cuyos pensamientos se centraban en satisfacer los reclamos de su entrepierna. Luego caería sobre él con la furia del más espantoso temporal.
_ El General Narváez _ respondió escuetamente y acto seguido devoró con voracidad un buñuelo de manzana _ Debo felicitarlo marqués, su cocinera es excelente _ dijo lamiendo el azúcar de sus dedos.
Imanol asintió agradeciendo el cumplido. "La gula será tu verdugo", pensó divertido Imanol.
_ Debo confesarle que la política me aburre sobremanera _ y con un ademán amanerado extrajo de uno de los bolsillos de su chaqueta una cajita de plata repujada. Inhaló rapé y cortesmente se lo ofreció a don Juan. El hombre rechazó la invitación, prefería seguir deleitándose con los postres _ Me interés se inclina por el cotilleo _ continuó. Se rió tontamente y volvió a inhalar rapé.
_ En ese caso estará al tanto de la vida agitada de nuestra monarca. Su vida es una fiesta continua. Se acuesta a las cinco de la mañana y se levanta a las tres de la tarde. Y esto que voy a confiarle no debe salir de estas cuatro paredes _ miró de reojo a la sirvienta que permanecía a un costado atenta a sus necesidades.
_ Puedes retirarte _ le ordenó con dureza Imanol. La joven giró sobre sus talones y desapareció raudamente_ Y bien..._ Imanol simuló apremio.
_ La reina ha abortado _ dijo en un susurro.
_ ¿Y el padre? _ era sabido que el rey, Francisco de Asís, era homosexual. Por eso, la reina iba de amante en amante. Una copla popular cantaba: "Isabelona, tan frescachona y don Paquita, tan mariquita".
_ Desconocido _ se limitó a responder el jurista, luego aceptó gustoso un cigarro que le ofreció Imanol.
Imanol fingió escandalizarse aunque en realidad se lamentaba no haber practicado él mismo el aborto a la reina.
_ ¿Una partida de ajedrez? _ lo tentó Imanol. Bravo Murillo era un adicto a ese juego.
_ Me encantaría pero debo retirarme su Excelencia. Mi esposa y mi hija menor parten hoy hacia Málaga. Mi cuñada está de parto y mi mujer va en su ayuda _ le confió mientras se levantaba con evidente dificultad _ La gota me está matando _ se quejó.
Imanol tomó nota de esta afirmación, el mal de don Juan venía en su ayuda.
_ ¿Sufre usted de gota? _ fingió interés cuando en realidad celebraba el descubrimiento.
_ Desde hace un par de años_ se lamentó maldiciendo entre dientes a la enfermedad que le causaba súbitos períodos de dolor severo en su rodilla izquierda.
_ Como usted bien sabe, don Juan, soy médico y me gustaría mitigar su dolencia...claro, si usted me lo permite _ se ofreció gentilmente aunque Imanol escondía segundas intenciones.
_ He consultado con tantos médicos y ¡nada!. El dolor es insoportable. Descansar se ha vuelto una utopía, casi no duermo. Si usted tiene la solución para mi drama, bienvenido sea _ le respondió esperanzado.
_ Mientras estudiaba en Montpellier, uno de mis profesores, Sir Alfred Garret se afanó en investigar sobre esta cruenta enfermedad. Uno de sus experimentos tuvo resultados maravillosos en las personas afectadas por este mal...
_ ¡Que interesante! y ese descubrimiento es... _ lo interrumpió entusiasmado el jurista.
_ Una sencilla infusión a base de la corteza de un pequeño arbusto llamado "Boj" que tiene propiedades depurativas _ inmediatamente llamó a Talibah que apareció al instante.
Imanol se acercó a ella y le dijo por lo bajo, "Ve a mi laboratorio y tráeme un puñado de corteza de Boj, agrega a la mezcla una porción de pétalos de amapola y regaliz". Talibah asintió y así como vino, desapareció.
_ No quisiera dudar de sus conocimientos Excelencia, pero, ¿un té hará remitir mi dolencia? _ Bravo Murillo lo miró con suspicacia.
_ Confíe en mí y verá como irá mejorando. Sólo debe seguir mis indicaciones al pie de la letra. Aquí está, tome _ Talibah regresó y extendiendo el brazo le ofreció un abultado talego de cuero oscuro._ Beba con religiosidad una infusión todas las noches _ enfatizó Imanol.
_ Así lo haré su Excelencia. Muchas gracias. Le confieso que cuando recibí su invitación tuve reparos en aceptarla _ Bravo Murillo parecía avergonzado. Guardó el talego en el bolsillo de su gabán y luego, con nerviosismo, se frotó las manos.
_ ¿Por qué mi amigo? _ el marqués lo alentó a continuar. Se estaba divirtiendo a lo grande, el orgulloso jurista se rebajaba ante él.
_ El otro día, en la recepción que su Excelencia ofreció, yo me burlé de usted frente a sus amistades y a personalidades importantes de la política...
_ Usted se burló de mi inclinación sexual, trató de rebajarme, me menospreció _ lo cortó tajante, sin embargo no le convenía un enfrentamiento de modo que suavizó el tono _ Eso ya es pasado, no hay resentimiento.
_ Es usted muy generoso su Excelencia conmigo. Quedo a su entera disposición _ dijo emocionado.
"Por supuesto que quedas a mi entera disposición, no sabes cuánto, perro", pensó sonriendo maliciosamente.
Imanol sirvió bourbon en dos copas y le alcanzó una a Bravo Murillo.
_ Brindemos por el inicio de una amistad _ expresó Imanol, maestro en el arte de la hipocresía.
_ "Nunc est bibendum", ahora bebamos _ exclamó encantado don Juan paladeando el sabor acaramelado del bourbon. Se sentía aliviado, tener de enemigo al marqués de Nájera era una auténtica estupidez. Se rumoreaba que era despiadado, un sádico con aquellos que se le oponían aunque él no lo creía. Imanol Pacheco del Prado era sólo un mojigato homosexual aunque con el poder necesario para escalar alto en la política y él, con la amistad que le brindaba, le iba a sacar el máximo provecho.








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